28 de julio de 2012

dos poemas de -Laura Giordani

Laura Giordani


Hay mañanas que descienden
sin forcejeo con la noche, gasas
por la rampa de los párpados.
Nos alumbran de espalda
a todos los relojes, mañanas
de harina y guata, de trino
sosegado y brotes
de primera hora asomando
en las sienes-
Mañanas que son una rambla
recién llovida reclamando los pies
con sus baldosas.
[Mañanas]
                                              

                                                                       Hasta la claridad se extravía
                                                                       si no hay cuencas para retenerla


Suspendidos en la pelvis, dos frutos custodian las semillas
con la luz opalina de sus llemas. Arca de los nacimientos,
almácigos con todas las edades a cuestas, resistiendo en la
penumbra la extenuación de las fuentes con el hálito de
la sangre y la sola determinación de su seda.

La luna alza sus racimos en la tierra y hunde en el vientre
de cada mujer sus esquejes, orbita el sueño de la materia,
el mandato de nacer y morir desovando veintiocho soles
muertos.

La humanidad estiba todo su polen: los por nacer, los que
nunca se asomaron, en dos barcas blandas diminutas como
almendras.
[[1]




[[1] Ovarios]



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Ediciones Amargord
Colección Candela
Dirige: Mar Benegas

Laura Giordani 
(Noche sin clausura)

2 comentarios:

  1. Gatos, libros y la poesía de Laura, estupenda combinación. Hermosísimo libro Noche sin clausura.

    Gracias por esta entrada, Rider, voy a dar cuenta de ella en el blog de Candela.

    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. No puedo más que asentir, sentir, en la página justa que me toca vivir, atisbando en esa noche sin clausura el ciframiento que me corresponde, como lector y sí, abismado por la vibración de tantas palabras todavía inmedibles, tácitas…

      “Esas palabras
      que sólo se revelan
      cuando los pies se impacientan
      junto al precipicio”
      (Laura G.)

      Al romper el día, en la penumbra se yuxtaponen los sonidos y el umbral, frágil e incandescente de nuestro orden vital inciden en el tejido que nosotros ignoramos, pero nos besa al caer, cayendo.

      Mariel Manrique
      “En su descenso Laura apela a lo orgánico, a los fluidos y a la materia viva, concentrándose en la voz reveladora de lo ínfimo. En su escritura hay sangre, calcio, árboles, semillas, piedras, flores y agua. Hay sal y sed de redención declinada en elementos mínimos, como si el texto se revelara a ser vestido y excavara hasta alcanzar, desnudo, el núcleo irreductible de las cosas (“sin exiliar las palmas del suelo”)”.

      Ese núcleo silencioso y oscuro, vivencia de un camino (el de Laura) que se da como vuelta sobre un pasado sobre el cual se intuye el presente, se crea la presencia, es un núcleo cálido, cercano, que atisbo ya en la cuenca de mis órbitas al cielorraso.

      Abrazos Mar.

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