15 de febrero de 2017

la herida en la lengua


TUSQUETS EDITORES







Sucede desgraciadamente pocas veces, pero ahora cuando estaba leyendo en un
Asiento del trenlaheridaenlalenguami cuerpo y mi alma se reunían (en la escucha). Anochece y el paisaje sucede rápido. Soy como llevado por una voz silenciosa y dejo, de estar (a la escucha). La imaginación ¿? Construye un muro que subir y saltar así por encima del otro muro, la gran pantalla, phantos, mmmm m m  m. Pero pasa muy pocas veces. Alguna vez pasa como una fiebre, una sensación transitiva, pues las condiciones jamás son las limitaciones.

El año pasado me ten-dí a leerLamujerdepiey mi anciana madre se sostuvo un tiempo sin poder hacerlo. Aún hoy tiene que buscar fuerzas. Alguna vez le entrego las mías que no hacen más que disolverse en las suyas.



endre penovác








La herida en la lengua                   
Chantal Maillard





D E S P R E N D I M I EN T O

Nada hay con sentido
                                   bajo las alas de los pájaros

—Ya la niebla empuja las almas hacia el valle—

Los témpanos ululan / los infiernos
se agitan                            ¡Aquí estamos / aquí
estamos!
Escúchales / es el sonido de
Lo eterno.


La eternidad-aquí
Sobre este mismo agujero / cadalso /
Que se abrirá mañana
Que ya se abrió

                           ¡Salta!

                        ¡SALTA!

[35]



La piel del brazo
el roce
Abrázame le digo dice
ella
pero no hay otro
movimiento
que el de la caída
y me pregunto cómo
si ella más abajo o si yo
más arriba
o su brazo y no hay tiempo
salvo para caer
el edificio a un lado
porque de espaldas no
de espaldas es el suelo
y el suelo es el miedo

Abrázame le dice


[37]



pero es
tan larga la caída














[38]




Ventanas

                        para la mano trémula
                        para la boca áspera y el
                        espíritu en fuga


                        el cuerpo erguido sobre el hambre
                        en su endeblez de ramo
                        de huesos sorprendidos
                        en la caída
                        por
                        la caída

                        ventanas
                        para fugarse / franquear

                        el límite
                                   que protege a los débiles

                        ventana para oír


[39]




el eco
que al abismo convoca

desde lo no cifrado
al otro lado de
al otro lado tiempo
la otra oscuridad
de sin dolor sin sombra
ni tan siquiera de
cuando tan sólo
  sin


            (alféizares:

            polvo de vidrio
            para cortar los hilos)

[40]





Tarde. Llegar
tarde.
Cuando han entornado los párpados.


No saber interpretar el eco.
Ángel aún sin hacer.


[41]









Los ojos en las estrellas…
¿Había nubes?




Pájaro de alas rotas
Mi hijo






[   ]





El tacto nace y mora los límites. Ese gato en el muro; vigila el aguacatero
y me mira alguna vez mientras leo el                       desprendimiento
                                   caído
cielo rótula gota lengua a –
larido.
Conocí a Maillard con Bélgica, me entusiasmó tanto que no quise escuchar
o ver nunca una grabación de ella, ni “de-tener” un poemario suyo.
Ocasionalmente de pie en una librería o biblioteca. De algún modo este libro
descansa acurruca lo caminado. (LO) Pasado no es otra cosa que sencilla
energía simple calor.
           Acumulación de jaulas abiertas
                                   Tanto tiempo buscando el camino
                                   Hacia lo no-pensado…
                                   ¡ La cola del gato lo señala !
Este invierno seco y frío no impide cubrir la ausencia con el destello, den-
tellada en la sombra y los montones de hojas dispersas que cubren la mayor
parte de la huerta. Una tierra negra mezcla de castaño y carballo arriba, abajo
detritus mezcladas con otras tierras. A veces el gato escarba,
a veces, el perro busca frescor para su cuerpo.
Pronto se anegará con la lluvia
y con corazas de mar.
Todo lo que se hunde en el mar
                                   es tierra. Y balbuce.





M O R D E R S E
L A    L E N G U A


Ludovico — maestro copista —
levanta la cabeza. Ha leído
la palabra aeternus
y no la reconoce.
Vuelve al libro. Trata
de entender, No entiende. Se
lleva la pluma a la boca.
Saca la lengua.
Varias gotas de sangre caen
sobre el pergamino.

En el claustro un mirlo
entorna un canto.

Ludovico no encuentra
manera de seguir.




[83]




Hadewijch — la escribana —
se detiene.
Entre una letra y
otra se interpone
algo que
no puede descifrar.
En medio de
la frase
borrando el ordenado
seguimiento del
universo texto
una gota

una gota de
tinta
diluida
o más bien es
de sangre


[85]







oxidada
y oscura
como la del insecto
que horada su cuerpo cada
tarde.

Siente un
dolor intenso — y el odio—
abrirse
paso
en su vientre. Se lleva
la mano —la afilada pluma— a los muslos
allí
donde el animal antiguo
el animal eterno
               atrapado en el
siniestro pasatiempo
de los dioses.

La retira. Acerca
la pluma al pergamino

y roja es ahora
muy roja
la tinta con la que escribe
­—intuyendo el texto—
la palabra aeternus.



[86]


Esa locura de vanidad impresa y mediada por los Estados en loor
del porvenir, en nombre de la gloria, se imprime en los hombros
de los pueblos, que excavan la tierra para enterrarse como lacayos
fascistas. Es decir;
exterminándose y con las misma, asesinando al extranjero, venga
del lado que venga. El discurso, los discursos proferidos por el sujeto
político en los cuales ya no se reconoce el/ sujeto, ya distanciado
en el ideograma de enunciación.
Para visibilizar el lenguaje es preciso acabar con el paraíso del contrato
social y dejar de encogerse de hombros para acunar la imagen.*
*expressão de hierarquía!





[ BALBUC E O S ]

[ … ]

El campo de Kobe, al sudeste de Etiopía.
Los campos saharauis de Tinduf.
Los campos de Saklepeha, en Liberia.
Los campos de Bahai, Ereba, Guerida, Forshana, Goz-
Beida y NIgrana, Djabal y Goz Amer, en el Chad.
Los campos de Kibati, Bulenbgo, Buhimba y
Mugunga, en la República congoleña. Los de Mweso y
Masis.
El campo somalí de Dadaab, al nordeste de Kenia. Los
de Hagadera, Ifo, Dagahale, en su frontera.
El campo de Domeez, en el Kurdistán iraquí.
El campo sirio de Za ‘ atari, en Jordania. El de
Muraiyeb al Fohud y el de Anmar al Hmud.
La franja de Gaza.

Mientras tanto Europa, la esclarecida Europa,
duerme como aquel monje su sueño de
trescientos años oyendo cantar a un pájaro.
Otros pájaros, oscuros, habrán de despertarla.

[ . . . ]

Vi una fogata. Y a una niña oscura en brazos de su padre.
Ella le sonreía mientras él la miraba. Y las llamas ardían
más rojas y más vivas en los ojos del padre que en la propia
hoguera. Yo pasaba en un coche.

[ … ]



El jazmín y la hiedra se enredan en la entradita del huerto. En los márgenes una plantación diversa de pequeños arbustos. Caen las primeras gotas.
Impersonalizarse es hacerse uno con el tiempo y el espacio en la naturaleza. La tauromaquia de las genealogías es esa dependencia control impedimenta indumento anti-experiencia de la imagen.
Y en la sombra, el silencio de la poesía, algo eclosiona y por extraño que parezca adquiere rostro. Rostritud. Impersonalizarse es desconfiar de la imitación, la conjetura del punto de partida. Decodificar las leyes “inmutables” que trazan las fronteras que nos separan y unen, a veces, para participar de las prerrogativas del poder.

[ . . . ]

Por sobrevivir, cualquier animal embiste las paredes de su celda, atraviesa continentes, camina hasta extenuarse, des-plaza a otros, se defiende y mata. Ninguno, sin embargo, esclaviza a otro por provecho o diversión, ninguno encar-cela a otro para contemplar las piruetas que da tratando de hallar salida. La crueldad no son las fauces del tigre en el cuello de una gacela, no, la crueldad es moral, y la moral es humana. La estupidez también.

[ . . . ]


Tal vez alguien imagine que manipulo, pervierto, la poesía de Maillard para alcanzar cierta cohesión dentro de un discurso. Sin embargo desde siempre ha sido al revés. Intento desnudar la voz para poner cuerpo a aquello… ¿espacio entre acción y reacción? …que es fuga. Desanclamiento. Sócrates discutía, con la ínfula emancipatoria a los esclavos, destinados a serlo siempre. Eso sí, se les instruyó en la melodía de las opiniones. Y la retórica, personifica la idiotez específica del pueblo. Es decir; adocenar para la desigualdad, religar para el atontamiento. Siguiendo al filósofo, usar las palabras hasta creérselas.
Será por estos motivos quizás, que al conocer a Maillard con Bélgica, algo parecido a un diario, quedé fascinado por aquello que permanecía en la caja de resonancias. El temblor. La ilusión que resquebraja lo constituido.



Y el olvido, in-tacto, sin palabras, como un destello. Esa es la diferencia. Lo otro; indiferencia. Hacer ficción del vértigo. Pues el umbral, el pretendido fin del mundo, ha sido traspasado. Vivir inmersas en sociedad enloquecidas atentas a los emisores de información y nada sorprende, pues lo real ha perdido materia, se ha transhumanizado, y lo sólido se ha envanecido. Comerciantes de nada, naturalizamos la incomunicación con el sistema Android/o. ¿No ha sido traspasado el umbral? Las dimensiones psíquicas emotivas ( . . . ) son tomadas por asalto con la precisión del fascismo más efectivo. Conciencia de subordinación. Hacer rodar información subversiva por internet; no hacer más que nutrir el concepto de sistema estable. Sin embargo la firmeza temblorosa, viva, de la propia libertad hace frente
            a
            ante, lo insubversible.
Corro. Lo hago en esos dos quilómetros de “playa” que alberga la vila donde viven mis progenitores. Anoche luna llena y olas de fondo de 7/8 metros. La resaca escupe.


*

Eterno es solo el espíritu que se aprehende a sí mismo.
[MaxStirner]

endre penovac


on the road